esta ironía con qué se cura
si el final es en donde partí
(El final es en donde partí-La Renga).
Cuando el avión aterrizó en Barajas, tras carretear una hora por la pista del enorme aeropuerto madrileño, llegué al Viejo Continente sabiendo que tendría a mi disposición sesenta noches para recorrer, conocer, estudiar y enriquecerme (culturalmente, claro está). De esas sesenta iniciales apenas queda una en territorio europeo y será precisamente en el lugar en el que pasé la primera (la de mañana será seguramente en aguas internacionales o algún otro destino difuso).
En el camino pasamos por el barrio de las letras, en donde está enterrado Cervantes (sí, me leí los dos libros del Quijote). En el camino pude decirlea Fabri cómo me tenía ya Madrid, algo que pueden apreciar en esta fotografía.
En el museo cumplimos con la consigna de la última visita cultural del viaje. En cuatro pisos disfrutamos de cuadros de los pintores más renombrados de España y alguna películas de cine español, empezando por el ya clásico "Un perro andaluz".
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