Red, white and blue
People shufflin' their feet
(Rockin' in the free world-Neil Young)
Fabri ya está en Madrid. Gregui sigue en Dublín (ok, prometo no hacer ningún comentario peyorativo sobre esta ciudad). Pero mi tarjeta de embarque marca París. Y hacia allí fuimos. Principalmente con la esperanza de que el hostel no fuera tan pedorro... y felizmente se cumplió, por lo que no va a hacer falta que nadie descargue su ira con Facu Prats.
Después de una noche de sueño profundo y reparador, llegó la hora de recorrer junto a Roy una de las ciudades más emblemáticas del mundo. Tantas cosas para ver. Tanto para visitar. ¿Por dónde empezar? No tengo idea, por eso Fabri me armó un listadito.
Para ir a lo seguro empezamos por la Catedral de Notre Dame. Se ve que mucha gente decidió también ir a lo seguro, porque la cola era de una cuadra. Por suerte avanzó rápido y en pocos minutos ya estábamos dentro para disfrutar de algunas pinturas, cruces y vitrós muy bonitos. Como primera parada cumplió realmente con las expectativas.
La segunda visita también prometía mucha cultura: el museo del Louvre. Por desgracia también prometía mucha gente y eso no nos defraudó. ¿Regalan dinero adentro? ¿Ahh no? ¿Y por qué la fila es tan larga, entonces? Bueno, quedará para más adelante (esperemos que alcance el tiempo).
Pero no te preocupes. Porque a París siempre le queda un as de espadas bajo la manga... Y esa es la Torre Eiffel. Después de caminar más de 30 cuadras la colosal torre se aparece frente a nuestros ojos (bueno, en realidad los míos, Roy aprovechó para tomarse una siesta dentro de la mochila). Hay dos posibilidades: subir por ascensor o a pie. Vamos a gamba... y vale la pena. No sé cuántos escalones fueron. Pero al final la llegada valió el esfuerzo. ¿O no?
De hecho estamos en lo que alguna vez fue el monumento más alto del mundo (300 metros).
Tras un rápido descenso llegó el momento de almorzar... y trabajar. Sí, trabajar. ¿Te acordás que vine por trabajo? Pues a eso me dediqué durante la tarde.
En fin, antes de que te vayas hay algo más. Todos los comentarios previos que había recibido sobre los parisinos era que son personas arrogantes que no ayudan absolutamente a nadie... y menos si uno no habla francés. Tengo que reconocer que no hablo una sola palabra de francés (hablo alemán que es mucho más copado ña ña ña ña). Pero por suerte, tres parisinos muy gentilmente se ofrecieron a orientarme un poco. No sé si fue su amabilidad o la .22 que llevo en el cinturón que los intimidó. De todos modos quiero agradecerles por esta vía a esos tres anónimos parisinos que hoy le brindaron un gran servicio a este joven argentino. Merci.
Comé caracoles!!!!!!!
ResponderEliminarY no se te ocurra hablar en italiano, porque te van a cagar a patadas.
ResponderEliminar¿Por cuál de los 200 motivos que hay para cagar a patadas a un italiano?
ResponderEliminar