y me fui a buscarle una verdad a mi corazón
algo tan grande como el cielo y las montañas
y tan pequeño como una gota de rocío
(Hablando de la libertad-La Renga)
Miércoles de mañana en Buenos Aires. Valijas preparadas, pasajes en mano, saludos dados y recibidos. General Paz, Riccieri y en el fondo Ezeiza. Los pensamientos que pasan por mi cabeza y se multiplican a cada segundo. ¿Con qué me encontraré? Imposible saberlo sin primero vivirlo. Despedida familiar, abrazos, besos y "nos vemos en sesenta días".
Para matizar la espera es inevitable comprar un libro, dado que el avión recién parte a las 4 de la tarde y aun faltan casi dos horas. Finalmente el momento tan ansiado, ese que parecía tan lejano en el tiempo cuando comencé a planificar el viaje llega y comienza el embarque. Pocos minutos después me encuentro en mi asiento, pegado a la ventana, tal como me gusta. Dos horas y media más tarde el avión aterriza en San Pablo. Brasil, me siento visitante de verdad. Otra vez hay que pasar el equipaje de mano para su revisación pero esta vez en lugar de encontrarnos con los simpáticos operarios de Ezeiza se hace presente un brasileño de tez morena (INADI me envía una carta documento y promete analizar a fondo este artículo) que con cara de pocos amigos le ordena a los pasajeros que dejen sus pertenencias. Un señor dice que no puede pasar por tener marcapasos e inmediatamente dos guardias se ponen guantes de látex y lo conducen a un cuarto cerrado. "¡Es inocente! ¡Él no hizo nada!", pienso por dentro, pero es mejor guardar silencio.
Llega mi turno y el guardia me pregunta si tengo una computadora en mi pequeña valija negra. "Esta es mi oportunidad", analizo y puedo lanzar una frase en el portugués que aprendí oyendo durante meses a César, Guille y Arlenne. "Eu tenho um ordenador" (yo tengo una computadora). El equipaje pasa por el escanner y al cruzar yo los censores no hay ninguna señal de alerta. ¡En tu cara botón! Me imagino cantándole que Diego es más grande que Pelé y que Messi es argentino, pero es preferible seguir sin hacer comentario alguno. Total, quedan dos horas más de espera y es útil no ganar enemigos en tierras ajenas.
Nuevamente las puertas del avión se abren y vuelvo a acomodarme en mi asiento. Contra la ventana, como me gusta a mí. Grave error. Estirar las piernas para dormir fue una utopía. Para matar el tiempo y el aburrimiento recurrí a la cinematografía y pude ver tres joyas del séptimo arte: Hangover 2 (3 Gabitos), Pase libre (1 Gabito) y El Rey León (5 Gabitos). Tras once horas, Simba está en Madrid. ¡El rey ha vuelto!
Tras una breve espera de la valija (es muy tranquilizador ver que la misma llega a destino) cruzo la puerta y allí está esperándome Fabri. Otra vez juntos en Europa, como diez años atrás. Ahora nada puede salir mal. No es cierto. Mi intuición dura apenas cinco minutos. "Estemmm.. vas a tener que dormir conmigo. Después te explico", me confirma Fabri. Las cagadas que se manda él, estando en España, repercuten en mí, que vengo desde Argentina. El mundo está globalizado, no quedan dudas. Tras dejar las valijas en su departamento decidimos salir a dar una vuelta y recorrer largo y tendido las calles de Madrid.
No, no me olvidé de Roy. Mi querido amigo el gallo estaba muy cansado así que decidió quedarse leyendo el libro que me había comprado en Ezeiza.
Prometió que saldría con nosotros a partir de mañana.
Para matizar la espera es inevitable comprar un libro, dado que el avión recién parte a las 4 de la tarde y aun faltan casi dos horas. Finalmente el momento tan ansiado, ese que parecía tan lejano en el tiempo cuando comencé a planificar el viaje llega y comienza el embarque. Pocos minutos después me encuentro en mi asiento, pegado a la ventana, tal como me gusta. Dos horas y media más tarde el avión aterriza en San Pablo. Brasil, me siento visitante de verdad. Otra vez hay que pasar el equipaje de mano para su revisación pero esta vez en lugar de encontrarnos con los simpáticos operarios de Ezeiza se hace presente un brasileño de tez morena (INADI me envía una carta documento y promete analizar a fondo este artículo) que con cara de pocos amigos le ordena a los pasajeros que dejen sus pertenencias. Un señor dice que no puede pasar por tener marcapasos e inmediatamente dos guardias se ponen guantes de látex y lo conducen a un cuarto cerrado. "¡Es inocente! ¡Él no hizo nada!", pienso por dentro, pero es mejor guardar silencio.
Llega mi turno y el guardia me pregunta si tengo una computadora en mi pequeña valija negra. "Esta es mi oportunidad", analizo y puedo lanzar una frase en el portugués que aprendí oyendo durante meses a César, Guille y Arlenne. "Eu tenho um ordenador" (yo tengo una computadora). El equipaje pasa por el escanner y al cruzar yo los censores no hay ninguna señal de alerta. ¡En tu cara botón! Me imagino cantándole que Diego es más grande que Pelé y que Messi es argentino, pero es preferible seguir sin hacer comentario alguno. Total, quedan dos horas más de espera y es útil no ganar enemigos en tierras ajenas.
Nuevamente las puertas del avión se abren y vuelvo a acomodarme en mi asiento. Contra la ventana, como me gusta a mí. Grave error. Estirar las piernas para dormir fue una utopía. Para matar el tiempo y el aburrimiento recurrí a la cinematografía y pude ver tres joyas del séptimo arte: Hangover 2 (3 Gabitos), Pase libre (1 Gabito) y El Rey León (5 Gabitos). Tras once horas, Simba está en Madrid. ¡El rey ha vuelto!
Tras una breve espera de la valija (es muy tranquilizador ver que la misma llega a destino) cruzo la puerta y allí está esperándome Fabri. Otra vez juntos en Europa, como diez años atrás. Ahora nada puede salir mal. No es cierto. Mi intuición dura apenas cinco minutos. "Estemmm.. vas a tener que dormir conmigo. Después te explico", me confirma Fabri. Las cagadas que se manda él, estando en España, repercuten en mí, que vengo desde Argentina. El mundo está globalizado, no quedan dudas. Tras dejar las valijas en su departamento decidimos salir a dar una vuelta y recorrer largo y tendido las calles de Madrid.
No, no me olvidé de Roy. Mi querido amigo el gallo estaba muy cansado así que decidió quedarse leyendo el libro que me había comprado en Ezeiza.
¿Roy también duerme en la cama con ustedes?
ResponderEliminarSubí foto de eso, por favor jajaja
V.
Pd: Me lo hacía como con una onda más intelectual que un libro sobre Grondona... pero se nota que lo está disfrutando.
Como no te hicieron control de cavidades en San Pablo, Puta perdi mi primera apuesta!
ResponderEliminarAnte las preguntas recibidas el autor y dueño de este sitio responde:
ResponderEliminar1) anoche se quedó haciendo guardia en la mesita de luz. Es fiel y aguerrido. Hoy saco la foto pedida.
2)el control de cavidades lo zafé. El señor del marcapasos... espero que ande bien. Nos vemos en Disney señor del marcapasos.