Cerca del mediodía es hora de cortar con la rutina. Almorzar un poco al paso y acompañar a Fabri a su universidad a resolver un trámite. Mientras resuelve esa situación, me encuentro solo en un campus de uan universidad española. ¿Qué hacer? ¿Con quién hablar? No importa, tengo mi mp3. Suena Metallica y todo está bien. Me pongo a ver un partido de fútbol universitario. Tiro libre al borde del área. Situación neta de gol. Hay expectativa. La tira al carajo. Dejo de ver el partido y me junto de nuevo con Fabri. Volvemos para Madrid. La gran y última cita de la tarde era el Museo del Prado. Diez años atrás había visto un desfile de museos en toda Italia, así que ingreso con interés pero sin demasiada expectativa de verme sorprendido. Todo lo dicho se va al tacho en apenas cinco minutos. Las Meninas de Velázquez, El Jardín de las delicias, pinturas de Goya, El Greco, Rafael, Rubens hacen que estar una hora y media en el museo sea un placer (visita mechada también con el recuerdo de incontables anécdotas de nuestra época del secundario). Por último cabe destacar un cuadro de un pintor llamado Guido Reni, nada que ver con Gino, ese simpático actor ítalo-argentino (ok, mi gusto cinematográfico apesta, lo sé).
El sábado, en cambio, la rutina tenía un objetivo muy marcado: el Valle de los Caídos, un mausoleo construído por Francisco Franco que conmemora a las víctimas de la Guerra Civil Española. Tras cuarenta minutos de viaje en tren y otros veinte en micro llegamos al lugar planeado a las cuatro de la tarde y el chofer del micro nos avisa simpáticamente: "A las cinco y media volvemos". La construcción es imponente, encastrada en una montaña en las afueras de Madrid. Tomando algo de valor entramos al mausoleo y nos ponemos cara a cara con la tumba de Francisco Franco (si no sabés quién es, agarrá con urgencia un libro de historia). La vibra es negativa. Siento una sensación extraña que me recorre el cuerpo. Le digo a Fabri "Esta es la vez más cerca que estoy frente a un dictador". Me responde "Mentira, el año pasado hablaste con Grondona". Sucede una larga charla sobre Don Julio, la AFA, las elecciones de AFA y el ránking de los mejores dictadores del Siglo XX. En mi lista puse: Hitler, Stalin, Kadhafi, Mao y Franco. Un delirio más antes de volver a su departamento.
Ah, está jugando River, me voy a ver al millonario.
El sábado, en cambio, la rutina tenía un objetivo muy marcado: el Valle de los Caídos, un mausoleo construído por Francisco Franco que conmemora a las víctimas de la Guerra Civil Española. Tras cuarenta minutos de viaje en tren y otros veinte en micro llegamos al lugar planeado a las cuatro de la tarde y el chofer del micro nos avisa simpáticamente: "A las cinco y media volvemos". La construcción es imponente, encastrada en una montaña en las afueras de Madrid. Tomando algo de valor entramos al mausoleo y nos ponemos cara a cara con la tumba de Francisco Franco (si no sabés quién es, agarrá con urgencia un libro de historia). La vibra es negativa. Siento una sensación extraña que me recorre el cuerpo. Le digo a Fabri "Esta es la vez más cerca que estoy frente a un dictador". Me responde "Mentira, el año pasado hablaste con Grondona". Sucede una larga charla sobre Don Julio, la AFA, las elecciones de AFA y el ránking de los mejores dictadores del Siglo XX. En mi lista puse: Hitler, Stalin, Kadhafi, Mao y Franco. Un delirio más antes de volver a su departamento.
Ah, está jugando River, me voy a ver al millonario.
Yo conozco a Guillermo Franco, un correntino vende patria... vale?
ResponderEliminarJajajajjaaja, lo decís porque abandonó a tu querido ciclón y luego se nacionalizó mexicano?
ResponderEliminarJa, genau!
ResponderEliminarNunca he ido al valle de los caídos, me da miedo no responder de mi civismo una vez delante de la tumba...
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