lunes, 30 de abril de 2012

Gotemburgo desde el agua

I'm not superstitious, I have no doubt
that there's a reason, how things turn out;
while things are changing from day to day
I'll keep this feeling with me all the way
(Superstitious-Europe).

Cuando me desperté ya estaba solo en la habitación. Los tres brasileños se habían ido y el alemán estaba ordenando sus cosas para partir. El grupo que me había acompañado a disfrutar de esta ciudad se había desarmado y había que salir a caminar las calles solo, una vez más. Tomé mi pase a los museos que había adquirido ayer y me apersoné al más cercano al hostel. Estaba cerrado. Sí, los museos abren todos los días menos los lunes. Bueno, me quedan otros tres más para probar suerte... No, repito: los museos cierran los lunes.
Descartada la posibilidad de visitar los distintos museos de la ciudad me dirigí al centro. La opción más atractiva era un paseo en barco por los canales de la ciudad. La opción era atractiva, su precio no tanto. Pero bueno, ya estamos en el baile así que sólo queda bailar. Faltando media hora para que zarpara la pequeña embarcación, me senté en un banco en el puerto esperando la llegada de la misma. ¿Qué hacer en media hora para pasar el tiempo? Sin ningún tipo de expectativa prendí mi MP3 y me propuse disfrutar de la radio sueca. Sí, ¿por qué no escuchar también qué escuchan los suecos? En el 103.1, donde suelo escuchar Vorterix, hay música clásica. Sigo pasando el dial sin encontrar nada interesante cuando escucho los acordes de Sultans of swing, el clásico de Dire Straits. ¡Luego suena Europe! con Superstitious. Europe puede no vivir en las remeras de los jóvenes ni en la memoria de los viejos, pero mientras suene en una radio de Gotemburgo, vivirá por siempre.
Mi regalo entonces, para todos ustedes: FM 107.8 de Götheborg. Rockklassiker, la radio sueca de clásicos del rock. Hit tras hit tras hit del más puro rock (y también del metal). Ayer abrí la crónica con una canción de Europe y hoy me encuentro que aun aquí el rock n roll no morirá jamás. Porque el rock es ¿ahh el viaje en barco? Sí, perdón.
Superada la emoción por haber encontrado una radio rockera, me subí al paseo en barco para recorrer los canales de la ciudad y aprender, guía mediante, datos de la historia gothemburgués, tales como la construcción de una muralla para defenderse de Dinamarca y Noruega. Veo que no se llevan muy bien en la zona. El viaje en bote sería rutinario si no fuera porque en algunos tramos es necesario sentarse en el piso del bote dada la baja altura del puente, así que casi cuerpo a tierra es necesario proteger la cabeza.
Tras cincuenta minutos de viaje, la excursión llega a su fin. Es la última realizada en esta ciudad. Si me quedó algo pendiente será la próxima vez. ¿Hay próxima vez, no?
¡Qué sea rock nene!

domingo, 29 de abril de 2012

Tierra de vikingos

You want to
rock now rock the night
'till early in the morning light
rock now rock the night
oh oh

(Rock the night-Europe).

Tenía diecisiete años cuando escuché por primera vez ese tema de Europe. Guitarras distorsionadas, una letra pegadiza y Joey Tempest regalando agudos hicieron que le rompiera las bolas a mis amigos durante un mes cantando esa canción. Investigando descubrí que pertenecía a un grupo sueco llamado Europe, que tuvo cierta repercusión en los ochenta sobre todo con su éxito "The final countdown".
Diez años más tarde (en realidad, por cuestión de meses digamos nueve) me encuentro caminando en las calles de Gotheburgo, en la patria de Europe. Lo primero que me encuentro es que, definitivamente, nadie recuerda a Europe. Sólo yo seguiré cantando sus canciones.
Gotheburgo es la segunda ciudad más importante de Suecia. Y sin embargo, para alguien que viene de Buenos Aires, es una ciudad chiquita, que a pie se puede recorrer tranquilamente. Claro que uno termina absolutamente liquidado después de caminar más de cien cuadras, pero ese es otro detalle de la historia. El recorrido comenzó por la fortaleza de Skansen Cronan, construida en la cima de una alta colina durante el Siglo XVII. Luego de disfrutar de la vista panorámica de la ciudad y de que Roy jugara con los cañones del recinto, nos dirijimos al estadio de Ullevi, en donde Maiden toca cada vez que viene a Suecia. Esta vez es imposible pasar, todas las puertas están debidamente cerradas. La seguridad ganó esta batalla. Mañana puede haber revancha.
Ya en el centro de Gotheburgo, la cita imperdible era el Museo Nacional, en donde hay objetos originales pertenecientes a los vikingos. En la plaza del ayuntamiento en Copenhague había una estatua de dos persoans haciendo sonar un extraño instrumento, que servía para avisar que los vikingos se aproximaban y que había que escapar. En Gotheburgo nadie avisa que vienen los vikingos puesto que los vikingos reinan a su antojo en estas tierras. En la entrada me avisan que el ticket adquirido tiene validez por todo un año. Gracias, el mes que viene paso de nuevo a ver si hay alguna novedad. ¿Si vengo el día de mi cumple hay algún regalo? 
Además de encontrarnos con los restos de una embarcación vikinga, también hay varias estatuas de dioses de la mitología nórdica como Thor (reconocible por su martillo) y Odín (quien sacrificó uno de sus ojos para poder obtener todos sus poderes). Sí, inevitable recordar toda esa larga saga de los Caballeros del Zodiaco cuando luchaban en estas tierras contra malvados caballeros nórdicos.
Antes de regresar al hostel hay tiempo también para recorrer el puerto de la ciudad y meter la mano en las frías aguas del Göta älv. Se ve que a los suecos les regalaron la diéresis y se la pusieron a todas las palabras que tenían a mano.
Rock now, rock the night, till early in the morning light. ¡Qué buen tema! ¿Cómo es que no perduró?

sábado, 28 de abril de 2012

Desde la otra orilla

Tal vez parece que me pierdo en el camino,
pero me guía la intuición.
Nada me importa más que hacer el recorrido,
más que saber adonde voy
(Magia-Gustavo Cerati).

Tras cuatro noches danesas fue el momento de decirle adiós a esa tierra e instalarnos del otro lado del Báltico:
Gotheburgo era la ciudad marcada en la hoja de ruta. A las 10:32 el tren parte de la estación central de 
Copenhague con rumbo a la ciudad sueca. Un viaje de casi cuatro horas, rectilíneo, sin complicaciones, 
sencillo. No, estando Roy y yo metidos en la historia, algo tiene que salir de manera distinta. ¡Aun en Suecia!
Por algún extraño motivo que no alcancé a entender puesto que mi comprensión del sueco es muy limitada,
bueno está bien, es inexistente, el tren detuvo su marcha en un pequeño pueblo llamado Ängelholm. Allí 
debíamos descender y tomar un micro que no llevaría a Alholm, para poder tomar otro tren y arribar
a destino. Ängelholm-Alholm-Gotheburgo. No es un trabalenguas, es una combinación de transporte 
público. La situación no sería complicada si no fuera que al bajar del tren y preguntarle a una empleada de la
estación cuál es el micro que debo tomar me dice, con cara de pena: "Acabás de perder el micro. Lo siento".
¡Estamos en medio de la puta nada! La nada misma, una estación de un diminuto pueblo en medio de la nada.
La señorita, sin embargo, nos informa que el siguiente micro llegará en una hora. Hay que esperar, no queda
otra. Le pido a Roy que saque las cartas para hacer un truco. No trajimos cartas. 
Nueva regla, de ahora en más quien permanezca al menos una hora en una estación de tren o micros en un
determinado pueblo puede decir que también conoce a ese pueblo. Pintoresco Ängelholm, pequeño, la gente
es muy amable y el transporte no siempre suele ser muy confiable. Es la descripción que puedo brindar
sobre este pueblito sueco. Nada mal por haber estado solo una hora.
Transcurrido el tiempo de espera, el micro llega y recorre sin problemas los treinta kilómetros que nos separaban
de la nueva estación de tren. En micro en una ruta en Suecia. Por algún morboso motivo se me viene a la
cabeza el final de la vida de Cliff Burton, bajista de Metallica, cuando el micro de la banda volcó en una ruta
sueca y tuvo la desgracia que se le cayera encima. Bueno, por suerte no hay que lamentar ningún hecho
trágico. Estamos en la estación, sanos y salvos. Hora y media más tarde, tren de por medio, llegamos a 
Gotheburgo. La nueva sorpresa es que el hostel está a veinte cuadras de la estación. Habrá que caminar,
mucho, y soportar el peso de las valijas. La gente se sonríe al verme con tanto peso encima. "Se debe
mudar a la ciudad", pensarán y me dan la bienvenida al barrio. No señora, vengo por tres noches. Tres
noches en Gotheburgo.
Cambiando de tema, si estás atrapado con las aventuras de Gabito y Roy en su viaje por Escandinavia,
en septiembre se viene "Gabito y Roy van a ver a Megadeth". Estás avisado.

viernes, 27 de abril de 2012

Mi Copenhague querido, cuando yo te vuelva a ver

Oh when I look back now
That summer seemed to last forever
And if I had the choice
Yeah, I'd always want to be there
Those were the best days of my life
(Summer of '69-Bryan Adams).

Homero salta, corretea de aquí para allá, sonríe, está feliz. Está en la tierra del chocolate. Se despierta y está frente a sus jefes alemanes. Gabriel sonríe, siempre sonríe, salta de aquí para allá, camina, recorre, saca fotos. Está en su paraíso. Se despierta. Está en Copenhague. Sí, se despierta también en el paraíso. Último día.
Ya que el centro del Edén quedó más que visitado, es hora de recorrer los suburbios celestiales.
Primero el norte. Esa zona, conocida como østerbro (me encanta poner ø), es un barrio residencial alejado del centro comercial de la ciudad. Es una zona de casas bajas, parques y en la que se emplaza el estadio de la ciudad: el østerbro stadium. Hacia allí nos dirijimos y llegamos tras caminar más de veinticinco cuadras y que, en el medio, un danés me hable en su lengua para pedirme un cigarrillo. Lo siento campeón, no soy de acá. Pero gracias por pensar que podría serlo. La cancha es pequeña y, aprovechando otra puerta abierta, aprovecho para acceder una vez más en su interior.
Cuando llega el mediodía es hora de ir a almorzar. Siendo el último día quiero hacer algo tradicionalmente danés. Ya tengo el dato: smørebøod: se trata de una pequeña ración de una determinada comida, servida sobre una rodaja de pan y con salsas y vegetales. La moza me dice que si quiero hacer algo tradicional puedo también tomar un shot de aquavit después de la comida. Tras comer bien pruebo la sugerencia de la moza. ¿Quién está haciéndo un asado en mi pecho? Por suerte tengo una botella de agua en la mochila para apagar el incendio.
Con el estómago lleno me dirijo al barrio de Nørrebro, que es un barrio de trabajadores y cuenta con la mayor cantidad de inmigrantes. Es otra postal del paraíso. Sin grandes estatuas ni palacios, mas con negocios y viviendas. Es un barrio humilde. Con humildad a la danesa, claro está.
Cuando llegué a Copenhague hace cuatro días sabía que Peter Schmmeichel era un arquerazo, que los hermanos Laudrup jugaban bárbaro y que era un país caro. Ahora sé que la ciudad es hermosa, que tiene una historia y una mitología increíbles, que la gente es amable, que rige el hygga (ese es el concepto que no recordaba el otro día y que representa el espíritu de los daneses) y que es una ciudad cara. Sí, es cara. Pero vale muchísimo la pena.

jueves, 26 de abril de 2012

Cruzando el charco

Long as I remember the rain been comin’ down.
Clouds of myst’ry pourin’ confusion on the ground.
Good men through the ages, tryin’ to find the sun;
And i wonder, still i wonder, who’ll stop the rain.

(Who'll stop the rain-Creedence Clearwater Revival).

La ciudad de Malmö pertenece pertenece a Suecia desde 1658 y fue objeto de repetidos conflictos bélicos con Dinamarca, país al cual pertenecía originalmente. El principal enemigo de Dinamarca es Suecia. El principal enemigo de Suecia es Dinamarca. Los colores de Dinamarca son el rojo y el blanco, los de Suecia el azul y el amarillo. Todo estaba predestinado...
Al gallo Roy hay que agregarle un nuevo acompañante, al menos en el más allá: la lluvia. Llegamos a Copenhague con lluvia, permanecemos allí con lluvia y viajamos a Malmö con lluvia. No, no hay otro clima para elegir. Para llegar allí es necesario cruzar el mar Báltico, algo que en tren se logra en tan solo media hora. Salidos de la estación asomamos nuestras cabezas a una ciudad desconocida que debemos explorar. ¿Por dónde empezar? Por comprar moneda sueca. Por un momento a dejar de lado las molestas Coronas Danesas. Ahora le damos la bienvenida a las molestas Coronas Suecas. ¿Querés adivinar qué moneda usan en Noruega?
Mapa en mano nos dirigimos al centro de la ciudad y allí descubrimos algo asombroso: Malmö esconde de alguna u otra forma el origen de Roy. Un extraño gallo, similar a mi fiel compañero, es el emblema de la ciudad y decora, subido al mundo, la plaza cental de la ciudad. Roy me pide que lo deje, quiere quedarse en Malmö. Puede ser el final de nuestro recorrido juntos. Le pregunto si trajo suficiente dinero para permanecer en Suecia. Me responde que tiene treinta australes que ahorró en el '89. Vuelve a la mochila. 
Superado ese conflicto, el recorrido continuó por el castillo de Malmö y sus extensos parques y a la tarde hubo tiempo de conocer el Estadio del FC Malmö. Así como hace diez años atrás un grupo de intrépidos y aventurosos jóvenes se colaban en el estadio del Verona que se encontraba en reparaciones, esta vez un grupo más reducido (de una persona) se coló en la cancha del Malmö y hasta se sacó una foto en el verde césped. Saliendo del estadio, y ya pensando en emprender el regreso tras más de cinco horas de caminata en la ciudad, debo atravesar una avenida sin semáforo. Me detengo ante el avance a algunos metros de un auto que viene a velocidad considerable. Cuando está a cinco metros de pasar mi posición el auto se detiene. "Pobre hombre, debe haber roto la caja o se quedó sin nafta", pensé yo. Estaba equivocado, se detuvo a propósito para dejarme cruzar. ¿Pero por qué? Si usted viene en auto y yo soy un simple peatón. ¿Prioridad? ¿En serio? ¿Así viven los 365 días del año? Se acabó, me pongo de inmediato en contacto con mi familia en Buenos Aires. Les pregunto si no tenemos por casualidad algún antepasado sueco o danés para iniciar los tramites de ciudadanía. Quedan en que me van a averiguar. A continuación llamo a una inmobiliaria en Malmö. Ya arreglé el precio por una casa. Por lo que me dicen es una ganga. Quedé en ir a verla la semana que viene.

miércoles, 25 de abril de 2012

La tierra del Nunca Jamás

Exit light
Enter night
Take my hand
We're off to never never-land
(Enter Sandman-Metallica).


Atención: la crónica que vas a leer puede alterar para siempre la forma que tenés de ver al mundo. Si no estás preparado para eso, es mejor que cierres la página y vuelvas a entrar mañana.


En Dinamarca los impuestos son altos. Excesivamente altos. Un 67% de lo ganado va a parar al fisco. ¿Para qué? ¿Cómo puede ser aceptado semejante atropello? Después de un día entero recorriendo Copenhague gracias a dos tours gratuitos por la ciudad, me quedó claro. Con los impuestos el estado costea educación de primer nivel de tal manera que la gente recibe dinero por estudiar. Sí, se les paga por seguir una carrera. "Tengo un amigo que ya hizo dos carreras, tiene cerca de cuarenta años y nunca tuvo un trabajo", cuenta entre risas el guía (que por cierto, también proviene de Irlanda y ya va por su tercer Red Bull del recorrido... se viene el bobazo).
Vinimos, junto a Roy, a los países nórdicos a encontrarnos con un mundo diferente. Pues bien. Aquí está. El guía da una palabra en danés que explica el espíritu de equipo con el que se encara la vida (¡qué boludo! ¿por qué no la anoté?). El seguro de desempleo es más alto que el salario mínimo, entre otros datos sorprendentes. Imaginemos por un instante que en la Argentina también los impuestos ascienden al 67% para que el Estado nos brinde una mejor calidad de... no no, ya estaríamos en una guerra civil. Olvídenlo, mala idea.
Lo cierto es que desde las once de la mañana hasta las diez de la noche, los protagonistas de este blog encontraron lo que habían venido a buscar. Una forma absolutamente distinta de ver el mundo. Entre las historias que quedaron grabadas en mi cabeza está la del Rey Danés que, durante la ocupación alemana en la segunda Guerra Mundial, salía a recorrer las calles a caballo con el triángulo amarillo pegado a sus ropas, para mostrarle a los ciudadanos que era igual a ellos. Ahora pensemos en la Reina Cristina recorriendo las calles a caballo para demostrarle a los argentinos que es una ciudadana más. No, no va a pasar.
Esto sólo pasa en otro planeta. ¿Realmente llegué en tren? ¿O en algún momento del recorrido nos subimos a una nave espacial? ¿Estamos en la tierra del Nunca Jamás? La estatua de la sirenita al menos nos hace creer que tan lejos de Disney no estamos. Ah, por cierto, el autor de La Sirenita, El Nuevo Traje del Rey y demás cuentos infantiles se llamaba Hans Cristian Andersen y sí, era danés.
Si Disney es la tierra de la magia para los niños, Copenhague tiene que serlo para los adultos. La estatua del búfalo aplastando una serpiente que ayer miré con cierto asombro tiene una historia de fondo: unas serpientes (bueno, en realidad parecían más dragones) invadían la ciudad y, para combatirlos, un mago se convirtió en búfalo para poder aplastarlas.
Ah, fumones argentinos, tomen nota. En Copenhague existe una comunidad llamada Christiania en la que dentro del predio está permitido el consumo de marihuana. El estado lo sabe, lo autoriza y lo ha reglamentado. Así que dejen de gastar su dinero en Amsterdam puesto que Dinamarca les abre las puertas de par en par (al menos en las varias hectáreas de Christiania). Sólo en Copenhague. Sólo en este mundo.

martes, 24 de abril de 2012

El más allá

Pibe no te engrupas,
me decía el vecino
andate pa'l norte,
acá no hay camino
(Globalización-Los Piojos)

Andate para el norte, acá no hay camino. Y me propuse obedecer esa orden. Ir para el norte. Si alguna vez prestaste atención al nombre del blog verás que se llama "Crónicas de Germania y más allá". La etapa germánica quedó cerrada cuando, tras despedirme de mis entrañables amigos irlandeses, tomé el tren con rumbo al más allá. Siempre tuve curiosidad por conocer los países nórdicos, tan alejados de Buenos Aires, en distancia, en cultura, en economía y poder descubrir qué hay en ese más allá. Me puse por tanto mis ropas de antropólogo y, con Roy en la mochila, nos fuimos para Copenhague.
Cinco horas de tren fueron necesarias para llegar a la capital danesa, cuyo nombre me recuerda al ex dictador Kadhafi, porque lo encontré escrito de mil maneras distintas. El viaje en tren contó con la particularidad que en un momento el tren entró en la bodega de un ferry con el que cruzamos un río. Primer mundo en todo su esplendor. Me puse a pensar en el trayecto en barco que en Argentina eso no sería posible: los trenes los maneja el sindicato de la UTA (Unión Tranviaria Argentina) que seguramente entrará en conflicto con el gremio que nuclea a los empleados de barcos. Inviable.
Pese a estar cansado, tomé a mi compañero y nos fuimos a recorrer las calles danesas. Al ver la bandera flamenado me dije a mí mismo: "Gabito, estamos en Copenhague". El castillo de Rosenborg, por proximidad al hostel fue el primer punto a recorrer. Al estar cerrado lo pude disfrutar sólo de afuera. Decidí seguir a mi instinto y caminar dándole rienda suelta a mi libre albedrío. Me perdí. Tras veinte minutos observando el mapa me percate de que había caminado para el lado de la estación de trenes, es decir el punto de arribo. Ya orientado, pude conocer el centro de la ciudad y percatarme que, sin duda alguna, la aristocracia más conservadora y tradicionalista de Europa fundó esta ciudad. Para muestra las varias estatuas de personajes montados a caballo con espadas combatiendo vaya uno a saber a quién. Si el power metal no nació en Copenhaguen, debió haberlo hecho.
La otra temática de las estatuas danesas son los animales de fantasía. Monstruos salidos de alguna mente afiebrada y lisérgica que por algún motivo también adornan las calles y plazoletas de la ciudad. No, no estoy en otro continente u otro país. Esto es otro mundo. Y el otro mundo se paga. En el más allá, la casa de cambio saca provecho de los mortales que venimos del otro lado y se queda con un 13% de comisión en una simple transacción de euros por coronas danesas. No sabía que la usura era legal en Dinamarca. Terminada la larga caminata por la peatonal Strøget (sí, tenía que tener esa o con la barrita) que incluyó un recorrido por el Palacio de Cristianborg regresé al hostel para cenar. Ah no, cenar es algo que quedó en el pasado. El más allá no permite cenas.