Tal vez parece que me pierdo en el camino,
pero me guía la intuición.
Nada me importa más que hacer el recorrido,
más que saber adonde voy
(Magia-Gustavo Cerati).
Tras cuatro noches danesas fue el momento de decirle adiós a esa tierra e instalarnos del otro lado del Báltico:
Gotheburgo era la ciudad marcada en la hoja de ruta. A las 10:32 el tren parte de la estación central de
Copenhague con rumbo a la ciudad sueca. Un viaje de casi cuatro horas, rectilíneo, sin complicaciones,
sencillo. No, estando Roy y yo metidos en la historia, algo tiene que salir de manera distinta. ¡Aun en Suecia!
Por algún extraño motivo que no alcancé a entender puesto que mi comprensión del sueco es muy limitada,
bueno está bien, es inexistente, el tren detuvo su marcha en un pequeño pueblo llamado Ängelholm. Allí
debíamos descender y tomar un micro que no llevaría a Alholm, para poder tomar otro tren y arribar
a destino. Ängelholm-Alholm-Gotheburgo. No es un trabalenguas, es una combinación de transporte
público. La situación no sería complicada si no fuera que al bajar del tren y preguntarle a una empleada de la
estación cuál es el micro que debo tomar me dice, con cara de pena: "Acabás de perder el micro. Lo siento".
¡Estamos en medio de la puta nada! La nada misma, una estación de un diminuto pueblo en medio de la nada.
La señorita, sin embargo, nos informa que el siguiente micro llegará en una hora. Hay que esperar, no queda
otra. Le pido a Roy que saque las cartas para hacer un truco. No trajimos cartas.
Nueva regla, de ahora en más quien permanezca al menos una hora en una estación de tren o micros en un
determinado pueblo puede decir que también conoce a ese pueblo. Pintoresco Ängelholm, pequeño, la gente
es muy amable y el transporte no siempre suele ser muy confiable. Es la descripción que puedo brindar
sobre este pueblito sueco. Nada mal por haber estado solo una hora.
Transcurrido el tiempo de espera, el micro llega y recorre sin problemas los treinta kilómetros que nos separaban
de la nueva estación de tren. En micro en una ruta en Suecia. Por algún morboso motivo se me viene a la
cabeza el final de la vida de Cliff Burton, bajista de Metallica, cuando el micro de la banda volcó en una ruta
sueca y tuvo la desgracia que se le cayera encima. Bueno, por suerte no hay que lamentar ningún hecho
trágico. Estamos en la estación, sanos y salvos. Hora y media más tarde, tren de por medio, llegamos a
Gotheburgo. La nueva sorpresa es que el hostel está a veinte cuadras de la estación. Habrá que caminar,
mucho, y soportar el peso de las valijas. La gente se sonríe al verme con tanto peso encima. "Se debe
mudar a la ciudad", pensarán y me dan la bienvenida al barrio. No señora, vengo por tres noches. Tres
noches en Gotheburgo.
Cambiando de tema, si estás atrapado con las aventuras de Gabito y Roy en su viaje por Escandinavia,
en septiembre se viene "Gabito y Roy van a ver a Megadeth". Estás avisado.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarNo quería borrar el comentario, solo editarlo.
ResponderEliminarTe decía que Roy tiene pinta de que escucha Bryan Adams, no Megadeth.
Shhh, temazo!
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