viernes, 30 de marzo de 2012

From Russia with love

De regreso a octubre
(desde octubre)
Sin un estandarte de mi parte
Te prefiero igual... internacional
(Fuegos de octubre-Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota).

Ocho de la mañana y el despertador sonó en mi habitación. Por primera vez en el viaje había tenido que recurrir a un reloj para despertarme temprano y tener que seguir una rutina prefijada. Tenía una hora y media para levantarme, desayunar, vestirme y llegar al Reichstag (parlamento alemán) para el cual tenía turno de ingreso pautado a las 9:30 AM y los alemanes suelen ser muy puntuales. Con el tiempo justo llegué al Parlamento y pasé mi mochila por el scanner. El guardia de seguridad me detuvo y ahí entendí que algo no andaba bien. Me ordenó abrir la mochila en búsqueda de unas tijeras. Tras un largo rato recordé que en mi cartuchera de clase llevaba las mismas tijeras que uso desde cuarto grado, con apenas ocho años de edad. Sí, unas inofensivas tijeras de industria argentina y mango de plástico casi me convierten en un terrorista internacional. Pasado el altercado pude disfrutar de la vista panorámica ofrecida por el Reichstag y su cúpula de vidrio.
Una vez afuera, caminé cerca de diez cuadras para observar la Torre de la Victoria, una imponente torre con una diosa romana en la cúspide que había sido construida para celebrar una victoria militar del ejército prusiano. Para poder llegar a lo más alto de dicha torre, además de pagar tres euros, fue necesario subir más de cien escalones. Una hazaña.
El último punto turístico del día fue la Catedral de Berlín donde para llegar al techo también fue necesario subir por interminables escaleras. Otra hazaña.
Siendo ya la uan del mediodía fue el momento de ir a clases. Última lección de la semana. Durante uno de los intervalos se me acercó Iván, el ruso, para preguntarme si después de clases quería ir a un bar. "Dale, buena onda", respondí y por dentro pensaba el buen gesto de mi compañero. Sin embargo, al momento de ir, pensé "Vi muchas películas de rusos en bares y terminan en una balacera. Maldición, ya dije que sí, estoy jugado". No había vuelta atrás. Nos sentamos junto a su grupo de amigos rusos y pedimos unas cervezas. Él aclaró "No es cierto que en Rusia todos tomamos vodka, eso es un estereotipo, la mayoría tomamos cerveza". Luego, sin necesidad alguna agregó "Y tampoco vi un kalashnikov en mi vida". Al comprender que mi vida no se iba a terminar en ese instante, más relajado, hubo tiempo inclusive para hablar de fútbol, y que me dijera que se acuerda de los pasos por Rusia de Cavenaghi y del Chori Domínguez, y una pequeña clase de argentinismos brindada por mí en la que le enseñé palabras claves a saber tales como: boludo y pelotudo. No hubo tiempo para debatir sobre el stalinismo, queda pendiente el tema para la próxima reunión.

2 comentarios:

  1. Y sobre Maxi López no le preguntaste?

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  2. Sí, le pregunté. Mucho no entendí, se puso a hablar en ruso y creo que dijo algo sobre una rubia petera. No sé a quién se refería.

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