It was an April morning
when they told us we should go
As I turned to you, you smile at me
How could we say no?
(Achilles last stand-Led Zeppelin).
Y así lo decían Jimmy Page y Robert Plant hace cuarenta años atrás (¿No conocen a Led Zeppelin? ¿Qué demonios les enseñan aquí?). Era una mañana de abril cuando nos dijeron que debíamos irnos. Me calcé mis cosas, me arrepentí de haber traído tanta ropa y tener que cargar con valijas tan pesadas, y con Roy partimos hacia la estación central de Berlín sabiendo que una nueva etapa de esta eurotravesía comenzaba. Primera estación: Hamburgo.
La palabra "retraso" en alemán se dice "Verspätung". Claro que viajando en los confortables trenes alemanes dicho vocablo debería quedar absolutamente descartado. Sin embargo no. Por algún desperfecto o inconveniente que no alcancé a comprender el tren quedó detenido por casi quince minutos a mitad de camino. ¿A qué primer mundo vine? Superado el ligero inconveniente llegamos a la portuaria ciudad de Hamburgo, en el norte alemán, pasada la una de la tarde. Instalación en el hostel, habitación compartida con cinco irlandeses, saludo de rigor y a dar una vuelta por la ciudad junto a mi fiel y plumífero ladero.
Siendo las cuatro de la tarde y no habiendo almorzado decidimos interrumpir la caminata para llenar el estómago y observar con atención el mapa. Sin saber por qué atracción decidirme recurri a lo más sencillo: preguntarle a dos alemanes oriundos de Hamburgo qué me recomendaban hacer. Veinte minutos de charla en alemán y me marcan los puntos claves del mapa. Luego me preguntan de dónde vengo y al escuchar "Argentinien" aparece el personaje imposible de esquivar, nuestro embajador. Les dejo que lo adivinen entre estas tres opciones:
A) Emilio Disi
B) El mago sin dientes
C) Messi
Si bien quedaba algo lejos, la Iglesia de Michaelis se mostraba como el sitio más atractivo. Hacia allí vamos. En el interior hay un coro de niños cantores por lo que no se puede ingresar al recinto, pero queda algo más interesante: subir a la torre. Escalón, tras escalón, tras escalón, tras sí ya entendieron. No los contabilicé, pero fueron cerca de cinco minutos subiendo escaleras para contemplar una hermosa y panorámica vista de Hamburgo: su puerto, sus otras Iglesias, museos, puentes. Tanto esfuerzo valió la pena. Luego quedó tiempo para recorrer un poco más la costanera de Hamburgo (si digo "la costanera hamburguesa" parecería que me estoy burlando) y contemplar el monumento a Otto Von Bismarck, que bastante me hizo acordar al Valle de los Caídos que tan bien describí en una de las primeras crónicas. ¿Se acuerdan, no?
Mi tren de Köln a Bremen llegó como con 20 minutos de demora. Me esperaba un conocido en la estación y le dije, riéndome, que qué bárbaridad semejante retraso. A lo que me respondió seriamente "el servicio de trenes en Alemania es muy malo"...
ResponderEliminar