martes, 3 de abril de 2012

Y al décimo día, Gabriel descansó

Yo soy un hombre bueno
lo que pasa es que me estoy viniendo viejo
trataré de hacer las cosas a su tiempo
o si no no le daré importancia al cuerpo uo no
(El Viejo-Pappo)

Dos domingos atrás, cargado de valijas y de inquietudes, había llegado a Berlín. El ritmo de esos primeros días en la capital alemana fue frenético: de aquí para allá recorriendo museos, Iglesias, lugares históricos y demás centros de interés que me encargué de documentar en cada uno de los artículos de esta página. Me levanté esta mañana y abrí el mapa para ver qué podía ofrecerme hoy este nuevo amancer y me percaté de que son ya varias las tildes marcadas. Tan solo unos pocos lugares quedaban aun por conocer y dado que mi estadía aquí es hasta el veintiuno de abril, decidí que sería un buen momento para descansar.
Claro que descansar a la forma de Gabriel implica algo más activo que encerrarse en una habitación a dormir o leer un libro (aunque reconozco que estoy terminando la biografía no autorizada de Don Julio). Tras desayunar me enfundé nuevamente en mi ropa deportiva y otra vez a la plaza. Una hora de intenso trote y ya estaba listo para continuar con los quehaceres cotidianos.
Tras la ducha, me cambié, tomé mi mochila y partí a clases, dejando a Roy a cargo del cuidado de la habitación (después de todo había quedado agotado por el raid turístico del día anterior y convenía que recobrara fuerzas). La clase de la fecha transcurrió sin mayores inconvenientes. El momento de mayor interés, si es que puede ser llamado de esa manera, fue cuando la profesora nos entregó una hoja con el origen etimológico de varias palabras. ¿Sabía usted que la palabra Alkohol (en alemán con K) proviene del árabe? Seguramente no y tampoco le interesaba, pero gracias a la lectura de este blog en su próximo asado podrá quedar como un intelectual delante de sus amigos brindando un dato como el que acaba de leer. Trabajo por su bienestar y su educación.

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