viernes, 6 de abril de 2012

¡Qué bávaro, llegamos a München!

Cuando ya lejos de la ciudad central
los horizontes me ven
rutas saldar, para llegar
y mostrar que soy quien quise ser
(Ayer deseo, hoy realidad-Hermética)

Seis en punto y el despertador sonó. No había vuelta atrás ni cinco minutos más para quedarse en la cama. Arriba, hay que cambiarse y afrontar el frío berlinés. Para no perder tiempo desayunando me propongo tomar el desayuno en algún barcito. ¿Habrá alguno abierto a las seis de la mañana de un día feriado? Soy optimista, alguno tiene que haber. Bueno, no había. El único bar abierto estaba copado por ebrios que seguían de festejo, así que si me sentaba y pedía un café con leche y un muffin quedaba como un completo desubicado. Una vez en el subte me percaté de que había perdido el papel. ¿Qué papel? El que te envuelve bombón. No, el papel en el que tenía anotado el recorrido para llegar a la estación de micros. Apelando a mi buena memoria logré sortear ese obstáculo y llegar, con una hora de anticipación, a la terminal, tiempo suficiente para desquitarme y hacer la primera comida del día.
Con un mínimo retrado, el bus con destino Munich partió a las ocho y media. Sin embargo, el mismo haría una parada previa en Nürnberg, ciudad en la que juega Javier Pinola, aquél marcador de punta surgido en Chacarita recordado porque en el 2007 suspendió su casamiento porque iba a integrar el plantel de la Copa América y, a último momento, no lo convocaron. Nuestra solidaridad con Pinola. ¿Para qué vamos a Nürnberg? ¿Cuánta gente se va a bajar ahí? Para mi sorpresa descendieron la mitad de los pasajeros. Parafraseando a una vieja publicidad de la cerveza Quilmes: linda Nürnberg, al menos lo que se ve de la ruta a la terminal de micros.
Con menos gente, continuamos camino por la ruta 9 y arribamos a München una hora y media después bajo una llovizna que amenazaba con hacerse más intensa. Mi paraguas por suerte estaba en la valija con candado. Así puedo no usarlo cuando lo preciso.
Gracias a una estupenda labor de planificación, mi hotel se encuentra a pocas cuadras de la terminal de micros. Bueno, en realidad fue de culo. Lo cierto es que me instalé en el hotel rápidamente y, junto a mi inseparable amigo Roy, fuimos a dar nuestra primera vuelta por la ciudad. München tiene grandes diferencias con Berlín, mi eurohogar. En primer lugar, Berlín es en extensión mucho más grande que Munich. En segundo lugar, si el oso es la mascota simbólica de la capital alemana, aquí los leones son quienes custodian y decoran cada esquina (como pueden ver a Roy jugando con el rey de la selva). Por último, claro está, Munich tiene un costo de vida más alto que Berlín y por tanto es más lujosa.
El centro de la ciudad, por lo visto esta tarde, es bastante pequeño. Tan solo tres horas de recorrido bastaron para hacer cuatro cosas: primero visitar brevemente el museo del nacionalsocialismo, segundo recorrer Marienplatz (el corazón de la ciudad), tercero visitar la Frauenkirche (Iglesia de las mujeres) y cuarto percatarme que el ochenta por ciento de los negocios de la ciudad está cerrado porque es feriado. Una gran bienvenida.

2 comentarios:

  1. Otra de las ventajas de viajar con Roy es que tenés quien te saque fotos.

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  2. Jajajajajajaj el problema es que saca fotos a ras del piso. Así que se tiene que subir a un banquito o pedir ayuda a alguien.

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