lunes, 2 de abril de 2012

Un día al rojo vivo

I'm the little red rooster
Too lazy to crow for day
(Little red rooster-Rolling Stones).

Fue él quien primero se levantó. Me miró con cierto resquemor estudiando cada movimiento que yo hacía. Lo miré y le pregunté: "¿Qué pasa Roy?". Sentía que algo le dolía y no se animaba a decírmelo.
-Que ya no me sacás más a pasear. El sábado fuiste a la cancha y no me llevaste.
-Es que no vendían entradas para gallos. Además a vos no te gusta el fútbol, sos hincha de Independiente, como tu papá.
-Por lo menos sigo en Primera, gallina.
Nos estábamos haciendo daño el uno al otro. Innecesariamente. Injustificadamente. Tenía que ser la persona madura si quería que nuestra relación llegara a buen fin en lo que quedaba de viaje. "Te pido perdón, estuve mal", le dije mientras me acerqué a mi fiel gallo para darle un abrazo. Todo perdonado. Vestite que hoy vamos a salir.
Desde hacía unos días me había quedado pendiente visitar el Museo del Muro, dado que había recorrido la zona pero no había hecho el tour dentro del edificio. Cerca de las once y media llegué al establecimiento para percatarme que había una fila más larga que para ver a AC/DC y que no estaba dispuesto a hacer. Inmediatamente tomé (tomamos) el subte y nos dirigimos con Roy al Ayuntamiento Rojo, es decir, la sede del Gobierno de la ciudad de Berlín. Allí se exhiben varios bustos y esculturas de los principales Jefes de Gobierno que la ciudad ha tenido, además de una serie de cuadros promovidos por el propio ayuntamiento. Luego, viendo que aun quedaba algo de tiempo para entrar a clases, nos acercamos a la Iglesia de Nikolai, que lleva su nombre en honor al Santo Patrono de Berlín y que fue construida en el Siglo XIII (¡trece burro! ¡trece!).
Siendo la una debí asistir a clases y Roy se quedó durmiendo en la mochila. La clase de hoy me dejó en claro que la profesora, vaya uno a saber por qué, detesta a Angela Merkel. Para evitar papelones decidí no emitir ningún tipo de opinión política.
A las seis terminó la lección y fui por la revancha al Museo del Muro. Esta vez había muy poca gente (es un buen consejo para aquél que vaya a visitar Berlín: ir a este museo a la tarde) por lo que el ingreso fue rápido, como si tocase Puertas (chiste sólo para entendidos). El Museo del Muro es un muestrario de objetos y fotografías de los años de la cortina de hierro, pero su punto más relevante son las historias de vida de las personas que, usando su ingenio, pudieron cruzar de este a oeste. Por ejemplo, pueden observarse algunos autos que fueron modificados para esconder personas en un fondo secreto de un baúl o el caso de una familia que logró pasar al otro lado utilizando un globo aerostático. Una vez afuera se produjo un hecho insólito: me encontré con dos argentinos. Era una pareja que venía de Córdoba y nos quedamos charlando unos minutos acerca de todo lo que hay para visitar en Berlín. Durante la conversación, Roy, que se encontraba muy cansado por la excitación de un agitado día, se quedó dormido en un pedazo del Muro. Esta noche dormirá feliz.

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